¡Oh, juventud lejana!
¡Oh, infancia aún más lejana!
¡Que vi pasar de prisa
y cual las aguas del río
no regresaron jamás!
Ilusiones primeras
despertando a la vida,
un perfume, un recuerdo,
un leve roce de mano.
¡Oh, ilusión… que te tuve tan cerca
Y no te pude alcanzar!
¡Oh, aguas cristalinas
de mi tranquilo río,
que vi correr un día
saltando cantarinas
sin regresar jamás!
Florecitas silvestres
que corté en tu ribera,
que prendí entre mi pelo
o mirando las nubes
las deshojé una a una.
Alegre primavera,
con campos florecidos,
con pájaros que trinan,
cantando alabanzas
a la Gloria de DIOS.
Lavanderas contentas
con sus cuerpos
casi, casi desnudos,
como ninfas del agua
entonando canciones
al trabajo y a la vida.
Sábanas blancas
al sol tendidas
sobre la verde hierba,
como banderas de paz
que el alma tanto anhela.
El tiempo corre… corre…
y cual las aguas del río
no regresan jamás,
pero aquella primavera,
que vi en mi adolescencia
se quedó para siempre
aquí en mi corazón.