¡Era por la mañana cuando desperté
y de un estirón me levanté,
miré a mi alrededor, todo normal,
pero sentí en mi corazón
que algo andaba mal!Luego pensé y medité
que era el sueño que soñé
y desde que te fuiste no he dejado de soñar
que yo te llamaba y te buscaba
en una tormenta al fondo del mar,
pero una luz brillante, una luz amiga,
una luz que desde el cielo salía;
esa luz que de tranquilidad me llenaba,
que apartaba la tormenta
y hacía de día
y allá a lo largo a mis brazos volvías,
dulce y linda, madre querida
y estando conmigo me decías:
- ¡Dale gracias a Dios que te escuchó,
Que del fondo del mar me rescató!Y así le dí las gracias y la abracé,
por que el que leyó esta carta
a mis brazos regresó
y no por el poema,
sino… ¡por que Dios me escuchó!
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